1 feb 2007

Historias de un hombre ligero de ideas


Introducción

No es fácil meterse a contar la historia de este tipo. Dicen que una vez andando por la calle se cruzó con un conocido de la infancia. Cuando éste lo saludó, gritando un poco su nombre y abriendo otro tanto los brazos, con esa mezcla de alegría y melancolía de los que se encuentran después de muchos años, nuestro tipo agarró y le dio tantas patadas en la cara, que hubiese terminado como morrón achicharrado de no ser por uno que pasó medio borracho y gritó: ¡más que autoretrato vos a ese tipo le estás haciendo un autoretrete! Tanto se cagó de risa nuestro tipo que las fuerzas le subieron de las piernas a la panza, dejó al otro ahí tirado y se fue por donde venía secándose las lágrimas con el costado del brazo.
Por eso digo que no es fácil la cosa. Una cara hinchada por decir su nombre, ¿qué puede esperar quien se atreva a contar su historia? No se che…no se. Supongo que esos son los riesgos de la escritura, el miedo ante la hoja en blanco, el cagazo a que te maten a trompadas, los garques del oficio. No se, amigo…no se. Un día vos estás lo mas tranqui y viene uno que te quiere romper la crisma porque escribiste algo de una mina que lo dejó. Pero esto es distinto. Acá uno se juega la vida, con este tipo no se jode. Ulises,
Roquentin, Erdosain, Samsa, esos son jodidos, pensará alguno, esos tipos te pueden transformar la vida, ¿un tipo que te caga a trompadas?, pero por favor, eso es poca cosa. Puede ser, amigo, puede ser…

continuará...?



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